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lunes, enero 17, 2011

Día 81: Desde mi ventana veo Patraix.

Me gusta... asomarme a la ventana los días despejados.




Llevo en este hospital desde el miércoles. Total Cinco días y seis noches.

Cuando me operaron a primeros de enero, al tercer día de hospitalización me dieron el alta.

No soy médico. Así que no puedo valorar sí esta rapidez por mandarme a casa, ha influído en el hecho de que haya tenido que regresar.

Hoy me ha visitado otro médico diferente a los anteriores. Apuntamos otro nombre a la lista de control de todos los batablancas que me han reconcido. Después de su visita, y aunque no lleva directamente mi caso, me ha vuelto a visitar la Dra. Piercing. Simplemente para interesarse por mi estado. Es un gesto que la honra como profesional y más allá, como persona. De todos los profesionales con los que he tenido trato aquí es, la que más humnidad ha mostrado. Y la ausencia de esta característica, que yo creo que es imprescindible para esta profesión, es alta por estos lares.

Puedo entender que dadas las circunstacias de merma constante del presupuesto sanitario y de recortes de personal, a cada profesional le toque atender a más personas de las que sería aconsejable en un horario quizás extendido en exceso.
Y digo intencionadamente personas y no pacientes o enfermos o usuarios como hasta ahora, porque, por mucho de que te quiten el nombre para camiarlo por un número y una letra, te quiten tu personalidad poniéndote un pijama azul uniforme (cuando no una bata que deja desnuda tu trasera), te pongan una pulsera con un código de barras como a las ovejas, te hagan orinar en una botella, te amedrentan con sus batas blancas, su título y nombre bordado para que sepas quien manda, y te mantengan en un estado constante de ceguera infomrativa, eso es lo que seguimos siendo, personas, como ellos.

Tres hurras por la Dra. Piercing!

Saludos,
Rob

PD: como acto de insumisión y rebeldía, me niego a tratar de Ud. a ningún doc hasta que ellos no lo hagan conmigo.
PD2: ¡Solidaridad con los usuarios amotinados en las urgencias del Hospital de Manises!

domingo, enero 16, 2011

Día 80: Perdidos.

Me gusta... saber donde voy.




Desde que me ingresaron el pasado miércoles, me han visitado y han tomado (o no) decisiones sobre mi 6 medicos diferentes, una de ellas una residente muy maja con un piercing en la nariz que es la única que me ha visto en más de una ocasión. Dos veces concretamente.

Cada uno de ellos, me ha dado, instrucciones, noticias, recomendaciones, medicamentos y/o resultados distintos. Uno de ellos encargó un ecografía de control. Prueba que por supuesto, sólo él sabe que se me tiene que hacer (ya han pasado tres días de aquello y estoy por bajar y hacérmela yo mismo).
Incluso el último de los Docs que me ha visto, ha osado cambiarme la dieta para peor! que era junto con los cuidados de Nu y mis queridos, lo único positivos de mi estancia aquí.

Me han cambiado de habitación, viviendo toda una jornada en el limbo de no pertenecer a ninguna de las plantas. Una por que ya me habían trasladado (según ellos), y la otra porque todavía no les había sido trasladado (según ellos). El resultado, como no constaba en ninguna parte no me daban de comer, ni me tomaban la temperatura, no me daban ropa limpia...

El equipamiento sanitario es bueno y bastante nuevo. El personal esta bien cualificado. El hospital esta dotado y conservado.
Pero desde mi punto de vista de nuevo usuario de la sanidad pública echo de menos dos cosas:
Más personal, para que no se tenga que esperar tres horas en urgencias, para que los médicos se puedan tomar más de 5 minutos por paciente en su única(!) visita diaria, para que las enfermeras no se agobien cuando las llamas porque tiene 6 avisos mas, etc.

Y mejora del flujo y gestión de la información. El usuario y su entorno tienen la perenne sensación de estar desatendidos en un mar de confusión médica, rodeados de verdades sesgadas y vacíos informativos. Lo que les obliga a una constante pelea de recordatorios a unos y otros sobre pruebas que no llegan, consultas sobre medicación y el permanente refresco del historial del paciente. Todo ello acompañado de un persistente sentimiento de culpa por estar enfermo.

Saludos.