En primer lugar pedir a todos disculpas por la tardanza en la actualización de este diario. Pero desde que llegué a Valencia, hace ya más de un mes, no he tenido la oportunidad ni el tiempo para hacerlo.
Gracias Nuria por dejar que secuestre a tu portátil.
Como ya comenté, quedan todavía unos cuantos capítulos todavía por escribir...
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SEGUNDO DIA DE ASAMBLEA: TRAS LA RESACA DE MARCOS
Nos habíamos quedado, en el día que habían llegado los zaps al campamento... eso fue el viernes 16.
Bien, a la mañana siguiente, sábado, regresaron los zaps de buena mañana.
Yo no los vi, porque estaba en los brazos de Morfeo, dado lo tarde de mi retirada la noche anterior.
Cuando amanecí por el campamento, era evidente el hervidero de actividad en el que se había convertido. Había gente por todos lados. Talleres para niños,
indígenas y locales que miraban a su alrededor con curiosidad... Todos cabiamos en La Garrucha.
Me pasé por el barracón de la asamblea, que como de costumbre estaba abarrotado.
Me pasé por el barracón de la asamblea, que como de costumbre estaba abarrotado.
Podía intervenir todo aquel que tuviera algo que decir, durante sus cinco minutos. Por el atril, desfilaron desde colectivos indígenas, sindicatos de profesores de secundaria, asociaciones vecinales, el grupo anarquista de mujeres lesbianas de Jalisco...
Hubo oradores cuyas intervenciones resultaban verdaderamente interesantes y algún otro que no tenía ni pies ni cabeza. Como aquel que clamaba por el respeto y los derechos para los animales de granja y corral, o aquel otro que después de hacer sonar una caracola, nos invitó a todos a volver a nuestras raíces y vivir como la madre naturaleza nos había traído al mundo...
Afortunadamente, el turno de cinco minutos se hacía respetar escrupulosamente.
Hubo oradores cuyas intervenciones resultaban verdaderamente interesantes y algún otro que no tenía ni pies ni cabeza. Como aquel que clamaba por el respeto y los derechos para los animales de granja y corral, o aquel otro que después de hacer sonar una caracola, nos invitó a todos a volver a nuestras raíces y vivir como la madre naturaleza nos había traído al mundo...
Afortunadamente, el turno de cinco minutos se hacía respetar escrupulosamente.
Los zaps, se mantenían en sus sitios sobre el escenario,
excepto en las pausas para almorzar, comer y cenar. En estos momentos, se volvía a organizar el despliegue de los milicianos, que velaban por la seguridad de la comandancia, y arropados por ellos, los comandant@s, eran trasladados a pie, desde el barracón principal hasta un punto desconocido de una comunidad cercana.
Estos momentos, resultaban particularmente emocionantes. Ver a los milicianos formar el cordón de seguridad alrededor de la comandancia
para luego acompañarlos hasta el espesor de la selva, todo ello rodeado por una nube de curiosos, fotógrafos,
prensa y demás asistentes que rodeaba a la comandancia haciendo fotos con sus pequeñas cámaras o teléfonos móviles, entregándole a Marcos documentos o libros o simplemente con la intención de darle la mano a alguno de los comandant@s.
Todo pasaba en apenas unos pocos minutos, en los que tenías que moverte rápido para no perder la foto, corriendo por el barro del margen del camino, esquivando a curiosos y obstáculos diversos.
Después, la calma.
Aprovechabas para fumarte un cigarro (Mamá tranquila, ya lo he dejado), tomarte un café o simplemente charlar un poco.
Al poco tiempo, los milicianos volvían de la jungla para formar el cordón de seguridad.
Una vez formado este, aparecía la comandancia.
Entraban de nuevo en el barracón y reanudaban la asamblea.
Pasadas las emociones de los primeros encuentros con los Zaps, y las primeras llegadas desde la selva, el campamento pese al incesante trasiego de gente aquí y allá, estaba en relativa calma. Todos los que tenían que llegar, habían llegado ya. Ahora esto si que se parecía al FIB. Las tiendas de campaña y las hamacas lo invadían todo, la cancha de baloncesto
Pasadas las emociones de los primeros encuentros con los Zaps, y las primeras llegadas desde la selva, el campamento pese al incesante trasiego de gente aquí y allá, estaba en relativa calma. Todos los que tenían que llegar, habían llegado ya. Ahora esto si que se parecía al FIB. Las tiendas de campaña y las hamacas lo invadían todo, la cancha de baloncesto
(en todos los caracoles hay una, además del campo de fútbol que suele estar en las cercanías del caracol), las escuela e incluso en la iglesia se había alojado a gente!
El día se fue consumiendo y la noche llegó.
La luna llena brillaba en lo alto del cielo, lo que me permitió hacer alguna foto de los milicianos en las inmediaciones del barracón.
y de la entrada de la comandancia después de la cena.
Esa noche, la asamblea se prolongó hasta las 2 y pico de la mañana...
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Bueno, esto es todo hoy. Espero que la espera por la "reentre" os haya merecido la pena. Ser pacientes, que hay más.
Salu2 a tod@s y gracias por estar ahí.


































