El verano esta siendo duro. Vamos de guardia en guardia, de vigilancia en vigilancia...
Por lo menos en la de hoy, se estaba a la sombra y la compañía ha sido entretenida (Nu y mito Paco Polit!)
Hoy estábamos apostados desde primera hora de la mañana en la puerta de las oficinas Vicente Soriano, que es un señor, que fue presidente de uno de los clubes de los chicos en pantalón corto y camisetas de colorines. Pero que ya no lo es, aunque parece que quiere volverlo a ser... en fin, un lío.

El caso es que hoy en principio había noticia y no como hace unos días, que estuvimos persiguiendo fantasmas por el centro de la ciudad, porque un señor publicó una foto de teléfono móvil en un foro de afición valencianista, que nadie en ninguna redacción se molestó en contrastar antes de movilizar a un total de 8 profesionales para nada... Que penita dimos.
Aquello unido a algo que ha pasado hoy me hace reflexionar sobre la poca dignidad que le va quedando (en ocasiones) a esta profesión.
Hoy durante la guardia, cuando ya llevábamos varias horas, el chofer de Juan Soler, después de haberme saludado cordialmente a primera hora de la mañana, nos ha traído a toda la tribu refrescos fríos. Ha sido un detalle de generosidad por parte de una de esas personas que te vas encontrando como extraño compañero de viaje en estos años de persecuciones, vigilancias y seguimientos a su jefe.
No deja de haber cierta pizca de compasión en acto del compañero, porque él que ha vivido esto de cerca, sabe como son estas cosas.
Es habitual, cuando la tribu esta concentrada de guardia/vigilancia, que los viandantes y peatones nos miren raro, se extrañen de nuestra presencia o hasta nos tengan un poquito de lástima de vernos aguantando de cualquier manera, en mitad de la calle o en un portal o en una acera cualquiera.
Uno se acostumbra con el paso de los años, pero no por ello me deja indiferente.
Saludos.




